Metimos las maletas en el maletero del coche y entramos. No hable mucho en todo el camino. Diego me señalaba sitios por los que pasábamos y me explicaba cosas, y yo me limitaba a asentir, sin prestar mucha atención a lo que decía. Finalmente, acabe totalmente sumida en mis pensamientos.
-¿Me has estado escuchando los últimos cinco minutos?
-Claro, Diego. Has estado contándome las historias de algunos sitios de la ciudad a la vez que presumías de haber estado aquí dos veces.-habíamos decidido hablar en inglés durante todo el tiempo que estuviéramos en Inglaterra.
Me lanzó una mirada asesina, mientras pensaba lo que responder. No le dio tiempo a decir nada, ya que el Taxista nos dijo que habíamos llegado al hotel. Salimos y sacamos todas las maletas. La fachada del hotel era preciosa. Habíamos elegido uno que estaba situado en el centro de la ciudad, para poder visitar todos los sitios que queríamos sin tener que recorrer mucho. Cuando nos dieron la tarjeta de la habitación, un chico joven muy simpático con acento americano nos ayudó a subir las maletas, o más bien me ayudó a mi con las mías. La habitación era perfecta. Era de un tamaño normal, no muy grande, pero tampoco pequeña. Había dos camas, una a cada lado de la habitación, y, más adelante, entre las dos, había una mesa con una gran televisión, y, debajo, un mini frigorífico. Estaba decorada en bonitos tonos pastel. El baño era azul claro, bastante grande. Dejé mis cosas con ayuda del botones al lado de la cama que había junto a la ventana, y Diego hizo lo mismo. Podía resultar raro que una chica durmiera en la misma habitación que su mejor amigo, pero para mi no. Cuando eramos algo más pequeños iba a dormir a su casa, o él a la mía casi todas las semanas, y Diego era como un hermano para mí. Cuando el botones salió de la habitación me puse a colocar mis cosas de aseo en el baño. Cuando volví a la habitación, Diego estaba durmiendo. Le tire un cojín que había en mi cama.
-¡Au! Tengo sueño, ¿tampoco me vas a dejar dormir aquí?-dijo con un bostezo.
-No se tú, pero yo no voy a desperdiciar mi tiempo en Londres durmiendo.
-Está bien, son las seis. ¿Me dejas dormir y nos vamos a alguna discoteca a las diez? No me digas que no te hace ilusión tu primera fiesta en Londres. Además, tu también tendrás algo de sueño. Por mucho que te gusten los vampiros de Crepúsculo no puedes imitarles en lo de no dormir.
Por una vez Diego tenía razón. Me dormí un poco, pero a los treinta minutos me desperté. No me apetecía pasar mis días en Londres durmiendo, y supongo que mi cuerpo lo había entendido. Elegí mi ropa para esta noche, una camiseta corta azul cielo y unos shorts. Cogí mis cosas y me metí el el baño a ducharme. Cuando terminé, eran las seis y media, y, para mi sorpresa, había un secador en el baño, así que decidí plancharme el pelo, una tarea no muy fácil por mi largo y rizado pelo, pero me mantendría entretenida y sin la tentación de despertar a Diego antes de tiempo.
-Está bien, son las seis. ¿Me dejas dormir y nos vamos a alguna discoteca a las diez? No me digas que no te hace ilusión tu primera fiesta en Londres. Además, tu también tendrás algo de sueño. Por mucho que te gusten los vampiros de Crepúsculo no puedes imitarles en lo de no dormir.
Por una vez Diego tenía razón. Me dormí un poco, pero a los treinta minutos me desperté. No me apetecía pasar mis días en Londres durmiendo, y supongo que mi cuerpo lo había entendido. Elegí mi ropa para esta noche, una camiseta corta azul cielo y unos shorts. Cogí mis cosas y me metí el el baño a ducharme. Cuando terminé, eran las seis y media, y, para mi sorpresa, había un secador en el baño, así que decidí plancharme el pelo, una tarea no muy fácil por mi largo y rizado pelo, pero me mantendría entretenida y sin la tentación de despertar a Diego antes de tiempo.
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